La Guerra del Volumen o “Loudness War”

La música es uno de los artes más genuinos que ha creado la humanidad y, además, el único que no requiere de los ojos para disfrutar de él. Desde hace milenios, melodía y armonía han seguido los pasos de la civilización hasta llegar al culminante siglo XX: radio, vinilos, casetes, CD, música digital, remasterización y un largo etcétera que han conducido, teóricamente, a mejorar nuestra experiencia musical.
Pero, si nos adentramos en esta evolución tecnológica, nos daremos cuenta de que las discográficas han mantenido la tendencia a aumentar progresivamente el nivel de volumen de las grabaciones musicales. Es decir, la canción de mañana suena más fuerte que la canción de ayer, y presumiblemente, mejor. Esto es lo que se conoce como la Guerra del Volumen, más conocido en inglés como Loudness War.

¿Qué es y en qué consiste la Guerra del Volumen?

La Guerra del Volumen es una confrontación de las grandes discográficas por hacerse con el mercado musical, en la cual, el ganador es aquel que consigue que su música suene más fuerte. La razón de la búsqueda infatigable de este trono del volumen es que, simplemente, nuestro cerebro relaciona inconscientemente la calidad musical con el volumen de la misma.
A tal efecto, las multinacionales del sector protagonizan una férrea lucha por amplificar gradualmente el volumen de sus discos, de tal forma que sea más fuerte que el álbum del año pasado o algo más elevado que el artista de la competencia. En consecuencia, al aumentar el volumen, la canción se oye, teóricamente, mejor. O, al menos, eso es lo que pensamos de manera natural.

La frecuencia y la presión sonora

Los seres humanos sentimos más predilección por los sonidos fuertes que por los débiles. De este modo, en caso de escuchar el mismo acorde a un volumen bajo y a un volumen alto, automáticamente definiremos el segundo sonido como de mejor calidad, porque éste tiene mayor presión sonora.
El oído humano percibe correctamente las frecuencias medias, mientras que no amplifica de forma natural los graves y los agudos. La presión sonora soluciona esta carencia. Cuanto mayor sea la presión sonora, mejor se escucharán los graves y los agudos, lo que nuestra mente vincula con mejor definición acústica.
Este fenómeno de la psicoacústica se conoce desde la década de 1930, y la preferencia inconsciente de nuestra mente en favor de las canciones con más fuerza, ha motivado a las casas discográficas a incrementar el volumen de sus grabaciones desde hace lustros.

La masterización

Por desgracia, y como es lógico, no se puede acrecentar el volumen del sonido eternamente. Un CD, por ejemplo, tiene un nivel establecido de amplitud máxima, lo que impide prolongar el volumen general de la pista de un modo natural. Sin embargo, la tecnología permite subir el volumen normal de una canción mediante un proceso de compresión, en el cual se reducen los picos del volumen (es decir, aquellas partes de la canción con más fuerza, por ejemplo, el solo de una guitarra o el redoble de una batería) para posteriormente incrementar el nivel global de las restantes pistas. Consecuentemente, se equipara el volumen de los instrumentos que forman parte de la canción, obteniendo, aparentemente, una mayor sonoridad.
Este proceso se realiza durante la masterización del álbum, y como ya hemos dicho, se resume en nivelar la intensidad de la música para subir posteriormente el volumen. Dicho efecto también se puede conseguir recortando, por arriba, la onda de la grabación, lo cual introduce en la pista una distorsión que puede llegar a niveles extremos.
La famosa etiqueta conocida como “remasterización”, que se aplica a las grabaciones de años atrás cuando éstas pasan de nuevo por el estudio, no es más que la manipulación del volumen de la canción. En este punto, en vez de mejorar el sonido o eliminar ruidos indeseados, se tiende a introducir un volumen más competitivo, más cercano a lo que estipule el mercado actual.

Degradación del volumen y de la calidad

Si bien el aumento de la fuerza del sonido ha podido ser beneficioso en los años pretéritos, en los tiempos que corren, ha alcanzado límites insospechados convirtiendo esta práctica en un abuso de la calidad musical.
Subir el volumen hasta el extremo, acarrea consecuencias devastadoras para la experiencia sonora del oyente, menoscabando seriamente el sonido e influyendo en la salud. Estas son sólo algunas de sus consecuencias más notables:

  • El rango dinámico se diluye. Es decir, los arreglos musicales, los coros susurrantes, el leve timbal de un baterista, los arpegios poco intensos del piano, desaparecen del fondo del paisaje musical, aumentando su protagonismo dentro de la pista, lo cual no formaba parte de su función inicial.
  • Se produce una desagradable distorsión. Aparecen armónicos indeseados, se evapora la nitidez acústica y se pierde detalle, todo para conseguir el volumen brutal de estos tiempos.
  • Inconscientemente, aparece la fatiga auditiva. Se dilapida el gusto por la música, no se disfruta tanto de la misma, el oyente tiende a saltarse la canción aun sin haberla escuchado hasta el final.
  • Existe un claro riesgo para la salud. La Guerra del Volumen es nociva para el ser humano, puesto que a mayor sonoridad mayor posibilidad de herir nuestros oídos.

Esta degradación de la calidad llegó a su culminación con la publicación del disco Death Magnetic, de la banda estadounidense Metallica, el cual se escuchaba mejor en los videojuegos que en el propio álbum. Los fans no perdonaron.

Buscando el sonido óptimo

La inconsciencia de la Guerra del Volumen, por suerte, no ha quedado impune. Son muchos los artistas independientes, ingenieros de sonido, discográficas, melómanos, vendedores y usuarios que abogan por regresar al volumen de antaño, reclamando el lujo de escuchar una canción realista, dinámica y más auténtica, que no resuene estratosféricamente.


Asociaciones como Turn Me Up! invitan a los artistas a grabar sus álbumes con el dinamismo y la intensidad de las ejecuciones realistas; sin aumentar los agudos y los graves de la canción a costa de perder sentimiento artístico. Los discos producidos bajo el apoyo de esta organización, constan de un sello particular para que los compradores puedan identificarlo con facilidad.
Todos, tanto músicos como usuarios, debemos ser conscientes de que manipular artificiosamente el volumen y la fuerza de una canción, sólo ofrece una sensación pasajera de mejora acústica. A medio y largo plazo, desaparece el gusto por la música y se destruye la consciencia artística para la cual fue creada.
No olvidemos que todos los dispositivos y reproductores constan de botones para aumentar el volumen, y es esta la única forma genuina y auténtica de mejorarlo sin desprestigiar la calidad. Sólo así se puede mantener el dinamismo de los cantantes e instrumentistas, algo que las feroces casas discográficas se han empeñado en destruir en su larga y tediosa Guerra del Volumen.

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